sábado, 2 de noviembre de 2013

"Roberto Zucco" de Julio Manrique en el Teatro Central de Sevilla


Diario de Sevilla

Toneladas de pura rabia:                                                              

    .....un protagonista tan lleno de fuerza como de fragilidad....

 

1 comentario:

  1. UN GRAN ROBERTO ZUCCO

    Llego al teatro invitado por un amigo para ver la representación de un texto que ya es un clásico contemporáneo:"Roberto Zucco". Mi mayor motivación para asistir es el autor, no tengo idea de lo que voy a ver, no he reparado en actrices, actores, director o directora, me apoyo en la fantasía de que, -como en los tiempos de Mario Gas-, si está programado por El Teatro Español, habrá una cierta calidad, independientemente de que pueda gustarme o no.

    Ocupo asientos en una ubicación que considero excelente. Empieza "Roberto...", principio que nos lleva hasta una actriz que llena la escena con un dramatismo contenido, es un buen inicio, un estupendo abreboca; junto a ella un actor sobrio, discreto, aún más contenido, un actor que parece conectado con el instante mismo de la vida de su personaje, a tiempo real, cronológico, sin sobresaltos, parece que tiene delante de él la noche entera, la vida entera para que viva Roberto. Y vive.

    No sé quién es ese hombre guapo y de expresión un tanto infantil, me resulta familiar, pero no tengo tiempo de detenerme en la indagación, su mirada, que ya no es suya sino del personaje: inquieta, perdida, rabiosa, vacía, un tanto demencial, me absorbe.
    Luego sus gestos, da la impresión de que hasta sus dedos expresan el extravío de un alma que parece estrellarse con su vacuidad, pero no sabe de qué está vacío, de qué debería estar lleno. Parece existir sin memoria. Pablo Derqui camina y en sus pasos se lee la vagancia, la divagancia de su personaje. Las muñecas del actor se mueven un tanto contranatura de vez en cuando, su cuello revela tics, los labios del actor se contraen, se repliega el superior hasta casi desaparecer, le da una expresión animal, fiera, que contrasta con sus ojos desconcertados, una mirada que parece preguntarse constantemente ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Quién viene? ¿Qué quieres? ¿Me entiendes? ¿Hacia dónde debería ir yo? todas sin respuesta, de tan asustada su mirada por esa ausencia de sentido vital, termina por dar miedo igual que la mueca de su boca. Cuando este Roberto Zucco parece calmado, no lo está, uno siente como público que no lo está, que en cualquier momento va a saltar y de pura angustia existencial, de pura incapacidad para enfrentar el reto de vivir, de pura insuficiencia para comprender el valor, que a él parece resultarle excesivo, que se le da a la vida, va a saltar, va a saltar violentamente a romperlo todo, a todos, a cada persona que se le atraviese porque todas parecen reclamarle explicaciones sensatas que no tiene. Derqui es un digno actor que da vida a este complicado, filosófico y casi hipertextual autor. Hace mucho tiempo que no sentía la conmoción que el arte interpretativo de este creador me hizo experimentar, me tenía al borde del llanto, de la desesperación, incluso del temor de que tanta verdad estuviera revelando el mundo angustioso e interior del actor, más allá del personaje. Es casi imposible saber cuánta técnica y cuanto corazón, pensamiento y memoria aplica Pablo Derqui para sacar este impresionante trabajo suyo adelante. Tardé en aplaudir, tardé en reaccionar, tardé en ser devuelto a las gradas de Las Naves del Español después de haber sido raptado por el arte del actor. Grité ¡Bravo! desde las entrañas. No podía ordenar mis ideas, decir esto que ahora aquí escribo, pero no podía dejar de abrazarlo tampoco, si se daba la oportunidad, y se dio. habiéndome tropezado con él pude articular dos palabras y abrazarlo con sentimiento y admiración.

    Luego me hablaron de su carrera en cine y televisión y supe de su proyección mediática. Mucho éxito y que no pare el crecimiento, la investigación y el oficioso trabajo físico-etéreo de la interpretación. ¡BRAVO PABLO!

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